DANZA EN PANTALLA
El baile ha logrado relacionarse con el cine, la televisión y el Internet.
Desde el nacimiento del séptimo arte, y ha sido utilizado por los grandes directores en sus películas, incluso en la etapa muda.
Están, por ejemplo, los pasos extasiados de Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia (1952). O la danza de la muerte en El séptimo sello, de Bergman (1957). La composición de danza y canto en la escena de la liberación del pueblo campesino en Novecento (1976), de Bertolucci, y el baile de tango de Al Pacino al son de la melodía “Por una cabeza” de Gardel, en Perfume de mujer (1992). Incluso John Ford incluyó escenas de baile en sus westerns más célebres.
Pero en 1927, cuando Al Jolson pronunció las primeras palabras en pantalla con la cinta El cantante de jazz, nació el cine sonoro y a la vez apareció uno de los géneros más populares del cine: el musical.
Este género, que combina drama, canto, música y baile, tuvo su apogeo durante los treinta, hasta finales de los setenta, y entregó verdaderas joyas del entretenimiento. Se destacan las producciones de los estudios Warner, que le debe el éxito de sus cintas al talento de uno de los más grandes coreógrafos que ha dado el cine: Busby Berkeley (1895-1976).
En los sesenta, momento de ruptura en el cine, le llega la hora a West side story (1961), obra que se aparta del aire romanticón del ciclo clásico y nos lleva a las calles sucias de un Nueva York depauperado, campo de batalla de dos pandillas juveniles. A ritmo de música y danza se analizan problemas como la migración latina, la delincuencia juvenil y la marginalidad.
En los finales de los setenta se impuso con furor un joven de nombre John Travolta, que se convirtió en el rey de las discotecas y del corazón de millones de adolescentes, con títulos como Fiebre del sábado por la noche, (1977) de John Badham, en el que encarnó a Tony Manero, moviendo la pelvis al ritmo de las canciones de Los Bee Gees; o el Danny Zuko en Grease (1978), en el que comparte rol con Olivia Newton John.
Pero uno de los títulos más emblemáticos es Fama (1980), de Alan Parker, mosaico de las distintas manifestaciones artísticas.

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